
Podríamos empezar diciendo que el local no quiere ser interior, que se siente más a gusto perteneciendo a la calle que al volumen de un bloque de viviendas, su situación en esquina lo facilita, la fachada está preparada para abrirse al exterior. Así, todo el esfuerzo en la fachada está encaminado a que desaparezca, a que no sea un límite, sino simplemente una necesidad constructiva y funcional. De esta manera la fachada se convierte en grandes paños acristalados, que alcanzan toda la altura del local, y dan la vuelta desde la calle Colón hasta la calle Cárcel Corona, poniendo en estrecho contacto la calle con el interior, que ahora es un poco más exterior.






























