Ya sea un pequeño balcón, el acceso a un espacio verde o un jardín privado, el espacio al aire libre se ha convertido en un privilegio para muchos, especialmente en los albores de la pandemia de Covid-19 y los múltiples períodos de confinamiento que siguieron. Los espacios verdes en la ciudad están constantemente bajo amenaza, particularmente porque los gobiernos buscan aumentar la densidad de viviendas para satisfacer la creciente demanda de desarrollo suburbano. Como resultado, el jardín y el acceso a los espacios verdes y al aire libre ha disminuido en los últimos tiempos, ya que las prioridades se encuentran en la vivienda y su producción en la mayor cantidad posible, a menudo sin tener en cuenta sus beneficios como el acceso a las áreas exteriores en los desarrollos residenciales.
En términos de calidad de vida, la falta de acceso a estos espacios presenta desigualdades evidentes, que se han descubierto durante los períodos de confinamiento y restricciones que demandó la pandemia. Las personas estaban confinadas en sus casas y espacios al aire libre locales, donde podían hacer ejercicio. Aquellos que tenían acceso a estos espacios públicos y tenían sus propios jardines o espacios exteriores tuvieron mucha suerte en el sentido de que pudieron disfrutar de un elemento del exterior. Mientras que los menos afortunados en pisos y áreas más ajustadas se enfrentaron a condiciones claustrofóbicas y desmoralizantes, contenidos dentro del caparazón de sus hogares.
Durante los dos últimos años, la ciudad de Madrid ha sido, y sigue siendo, escenario de la exposición itinerante del Bosque Metropolitano. Tres son sus principales objetivos. En primer lugar, exponer a los madrileños las ideas ganadoras y finalistas del concurso celebrado con la intención de redefinir el futuro de su ciudad. En segundo lugar, comunicar los procesos que la ciudad llevará a cabo en temas de sostenibilidad y resiliencia urbana y desde la educación ambiental. Por último, generar alianzas estratégicas concretas entre el Bosque y la ciudadanía madrileña.
Las oficinas han evolucionado enormemente durante los últimos años, y cada vez se parecen más a un espacio doméstico, incorporando nuevas paletas de colores, mobiliarios flexibles, texturas cálidas e incluso vegetación como parte del diseño. En este último caso, no se trata simplemente de una adición estética, sino que la vegetación se integra de tal manera que transforma y mejora completamente la experiencia de trabajo de las personas en su interior. ¿Cómo pueden las plantas volverse protagonistas del espacio de trabajo? Revisemos 7 casos que las integran creativamente en favor del bienestar de los usuarios.
Exceptuando algunos sectores, en las tres grandes regiones de Perú -costa, sierra y selva-, los climas se definen como tropicales o subtropicales y las diferencias entre las temperaturas medias de invierno y verano no son significativas. Esta particular condición genera que los grados oscilen entre los 15 °C y 27 °C, siendo atípicas las situaciones extremas de frío o calor. Por este motivo, la relación entre la arquitectura y los espacios exteriores se presenta como un campo relevante para ser explotado en los proyectos de la región.
No todos los proyectos de arquitectura pueden incorporar un proyecto de paisajismo, considerar un jardín o acceso a amplias áreas verdes. Espacios más pequeños necesitan de estrategias más creativas para incorporar la vegetación. Independientemente del contexto, las plantas ofrecen beneficios en todo tipo de espacio, como la regulación de la temperatura interior, una opción para la producción sustentable en una escala menor al invernadero, además de sus cualidades estéticas. En este artículo presentamos 4 estrategias simples y una selección de ejemplos para incorporar plantas en espacios de pequeña escala.
La conciencia medioambiental, la conservación ecológica, y el enfoque comunitario, son los pilares fundamentales del trabajo de planificación territorial, diseño paisajístico y construcción de infraestructura pública que realiza actualmente la Fundación Cosmos. A continuación, el director de proyectos Felipe Correa, en conjunto con Valentina Schmidt y Consuelo Roldán, arquitectas del equipo de la Fundación, describen a fondo los beneficios, objetivos y motivaciones que los llevaron a impulsar la iniciativa de los Jardines Sanadores.
Fundación Mi Parque en colaboración con Transelec, desarrolló un manual enfocado en los aspectos técnicos y paisajísticos de la poda del arbolado urbano ubicado en las líneas de transmisión eléctrica. Éste identifica en dicha labor, una oportunidad para avanzar hacia la construcción de una imagen-ciudad integral y sostenible.
Presentes en diferentes contextos -desde franjas fluviales, zonas costeras o insertos en la red urbana- los parques lineales representan una tipología de espacio público muy particular que, desde el principio, evoca la idea de vector y, en consecuencia, el sentido de movimiento. . Sin embargo, no se limitan a actividades y programas asociados al paso y los desplazamientos, demostrando ser una solución instigadora a la falta de espacios de ocio, contemplación y permanencia en las más variadas situaciones urbanas.
A continuación, reunimos 12 ejemplos de parques lineales construidos en diferentes partes del mundo, ilustrados con fotografías y dibujos de sus plantas.
Con la densidad de las ciudades y la reducida disponibilidad de suelo, el fenómeno de la verticalización se ha intensificado en ciudades de todo el mundo. Además de la verticalización de los edificios, que suele dividir las opiniones de arquitectos y urbanistas, muchas iniciativas han buscado en la dimensión vertical la posibilidad de promover la presencia del verde en los centros urbanos. Jardines, granjas o bosques verticales, huertos en azoteas y estructuras suspendidas para agricultura urbana son algunas de las posibilidades de cultivo vertical de especies vegetales, cada una con sus especificidades e impactos específicos para las ciudades y sus habitantes.
Pero, ¿sería la verticalización la solución ideal para hacer las ciudades más verdes? ¿Y cuáles son los impactos de esta acción en los centros urbanos? O, ¿cuáles son los beneficios de la vegetación que se pierden al adoptar soluciones en altura, en lugar de promover su cultivo directamente en el suelo?
Los jardines siempre han estado presentes en las composiciones arquitectónicas como testigos del momento cultural, estatus y religiosidad de los pueblos. Sin embargo, desde hace algunas décadas, es posible ver un fortalecimiento de esta relación entre arquitectura y espacios verdes. Una situación que culminó en 2020, con un importante aumento del papel de los entornos verdes, estrechamente relacionada con la pandemia Covid-19 y el aislamiento social que ha provocado. En este sentido, se consolidó la relación entre la casa y el jardín, desde pequeñas macetas en departamentos en el centro de las ciudades hasta exuberantes proyectos de paisajismo dentro y alrededor de las residencias, representando –a diversas escalas– la búsqueda de la reconexión con la naturaleza.
El ingreso de luz natural, la mejora de las condiciones de ventilación y la posibilidad de potenciar la conexión con la naturaleza sin que esto implique una pérdida de la privacidad, son algunas de las ventajas asociadas a la incorporación de jardines y patios interiores en proyectos de arquitectura.
En los primeros años de la historia moderna, los monjes taoístas cultivaban Bonsáis buscando traer la belleza de los árboles del exterior al interior, considerándolos un nexo entre lo humano y lo divino. En el Siglo XVIII, en las afueras de algunas ciudades de Europa, surgieron distintos paseos arbolados o alamedas, generando espacios de descanso y socialización antes inexistentes en las ciudades de la época.
En las urbes modernas, los árboles son utilizados como elementos esenciales dentro de los procesos de urbanización y las especies vegetales son un factor irremplazable de contrapunto a las construcciones y la armonización de los espacios. La buena elección de las especies arbóreas y su correcta mantención generan un sinnúmero de beneficios, como por ejemplo la aislación acústica y visual, la regulación de la temperatura, la generación de corredores biológicos y el control de las velocidades del viento. El principal error al momento de elegir una especie es no considerar que es un ser vivo, que posee requerimientos específicos y que tiene externalidades.
En tiempos regidos por el aislamiento, se ha discutido mucho sobre la importancia de la vegetación en los espacios interiores como forma de nutrir la relación fundamental con la naturaleza. Presentes tanto en hogares como en espacios comerciales, estos remanentes verdes promueven el bienestar y confort emocional de los habitantes.
Además de la relación psicológica, un jardín interno bien diseñado y posicionado puede ayudar con la purificación del aire y el confort térmico del medio ambiente. Para eso es necesario tener en cuenta algunos factores como la orientación solar, la ventilación y, por supuesto, la adecuada elección de las especies que mejor se adaptan al clima donde se insertarán.
Desde al menos la época romana antigua, los seres humanos han reconocido el valor de lo que ahora se conoce como agricultura de ambiente controlado, permitiendo a los agricultores cultivar plantas durante todo el año y no solo en ciertas estaciones. Aunque fueron inventados hace cientos de años, los invernaderos continúan siendo el medio más popular de agricultura de ambiente controlado en la actualidad, con innovaciones en tecnología y diseño que han mejorado tanto la belleza como la eficacia de esta tipología. A continuación, exploraremos en detalle la historia y la estructura del invernadero, así como varios ejemplos de diseño de invernaderos innovadores y experimentales.
https://www.archdaily.cl/es/945829/estructura-y-revestimiento-translucido-como-disenar-un-invernaderoLilly Cao
Los patios y jardines exteriores en muchos casos cumplen un rol crucial en la configuración y organización de la planta de los proyectos. En ciertos casos pueden funcionar como elementos organizadores de los recorridos o como espacios articuladores que, además, aportan numerosas ventajas a los locales interiores, nutriéndolos con luz natural, mejorando las condiciones de ventilación y potenciando la conexión con la naturaleza sin que esto implique una pérdida de la privacidad.
El diseño de interiores es una parte fundamental del entorno y complementa las virtudes arquitectónicas de un proyecto residencial. Se puede reiterar o subvertir aspectos de las construcciones, crear narrativas propias dentro de los entornos y calificar los espacios habitables de manera definitiva. Ya sea en renovaciones o proyectos que comenzaron desde cero, pensar en los interiores implica comprender los usos y la dinámica de quienes ocuparán los espacios y abordar el enfoque de la arquitectura a escala diaria en su forma más íntima en el caso de los programas de vivienda.
Las construcciones y estructuras destinadas al cultivo de plantas -como los invernaderos, invernáculos y orquidearios- son fundamentalmente espacios arquitectónicos que habilitan el control y la manipulación de factores ambientales como la temperatura y la humedad, permitiendo adaptar estos parámetros a los requerimientos específicos de las especies alojadas -ya sea para su cultivo, su preservación o su exposición-. Los diseños suelen variar según el uso y la ubicación geográfica de la estructura, influyendo cuestiones tales como el clima propio del lugar, la altura de las especies a alojar, los requerimientos de ventilación, o consideraciones como si la construcción será temporal o permanente –pudiendo configurarse como sistemas de partes montables y desmontables-. Sin embargo, hay algunos parámetros comunes que atraviesan a este tipo de construcciones. Generalmente, tienden a seguir una línea similar en cuanto a materialidad y organización: para aprovechar los efectos de la radiación solar, los invernaderos se materializan mediante cubiertas y cerramientos exteriores translúcidos –vidrio o plástico- y se estructuran a través de sistemas livianos de piezas que permitan grandes luces, pudiendo ser de hierro, madera, bambú, etcétera.
La presencia de áreas verdes en centros urbanos representa un beneficio a nivel climático y ambiental, aportando ventajas asociadas al control de la contaminación, la regulación de la temperatura y la perpetuación de la biodiversidad en todo el mundo. Funcionando también como áreas comunes para la recreación y los deportes, los espacios verdes tienen también una repercusión positiva en la esfera social, generando un impacto directo en la salud y el bienestar de los habitantes de los barrios y las ciudades en los que se encuentran.