Pensamos que al igual que ocurre en un aeropuerto o una estación de tren, muy habitualmente el primer contacto e impresión que recibe el visitante de una ciudad es el aparcamiento al cual llega con su coche. Se persiguió por tanto crear una atmósfera de espacio público y no de un espacio infraestructural. No queríamos aceptar que un aparcamiento debía ser oscuro, gris y sucio al año de usarse. Por otro lado el cliente definía unos parámetros muy estrictos de coste de mantenimiento mensual y en consecuencia una durabilidad de los materiales muy elevada.







