El 10 de abril de 2024, la organización New York Landmarks Conservancy otorgó el Premio al Liderazgo en Preservación a la escritora y urbanista Roberta Brandes Gratz. Activista de la preservación desde hace mucho tiempo, Gratz formó parte de la Comisión de Preservación de Monumentos Históricos de la ciudad. También lideró con éxito la restauración de la sinagoga de la calle Eldridge, que hoy alberga el Museo de la Calle Eldridge. La siguiente es una versión ligeramente editada del discurso que Gratz pronunció en la 34.ª edición anual de los Premios de Preservación Lucy C. Moses.
A principios de la década de 1980, cuando vi por primera vez el documental The Social Life of Small Urban Spaces y luego leí el libro, ambos de William H. Whyte, me cautivó por completo. Conocí a Holly, como se le llamaba afectuosamente, cuando aún trabajaba como periodista en el New York Post en los años setenta, y mantuvimos grandes debates sobre la ciudad de Nueva York, los desaciertos de la planificación y aquello que las empresas desarrolladoras solían ignorar. Ya en la década de 1980, me encontraba trabajando en mi primer libro, The Living City: Thinking Small in a Big Way, y conversaba con Jane Jacobs, quien se convertiría en una gran amiga y mentora. Jacobs había validado los pequeños esfuerzos comunitarios de abajo hacia arriba en la ciudad de Nueva York que yo venía observando, los cuales se convertirían en los detonantes —a menudo poco reconocidos— que impulsarían el lento pero constante renacimiento de la ciudad. Mis observaciones fueron rotundamente desestimadas —e incluso ridiculizadas— por profesionales de la planificación y el diseño urbano, pero fueron celebradas y respaldadas tanto por Whyte como por Jacobs, y hoy en día forman parte de la corriente principal.
Fotografía de los antiguos edificios de la calle Franklin en el barrio de Tribeca de Manhattan, Nueva York NYC. Imagen vía Shutterstock/Por Ryan DeBerardinis
Este artículo se publicó originalmente en Common Edge como "New York City Promises Affordability Through Rezoning But Delivers Gentrification"
Decenas de barrios de la ciudad de Nueva York han sido recientemente repensados y rezonificados sobre una base de supuestos inventados, datos burdamente manipulados y promulgados por los funcionarios de la ciudad, y afirmaciones artificiosas que prometían promover la diversidad, el acceso a una vivienda digna y la inclusión social. Sin embargo, ninguna de estas expectativas y proyecciones logró realmente materializarse. De hecho, en la práctica, el resultado ha sido exactamente el contrario: actualmente existe menos diversidad, la disponibilidad de viviendas asequibles es menor y, en consecuencia, se ha generado una mayor segregación, dando inicio a un proceso de gentrificación generalizado. Sin embargo, a pesar de que esto representa un gran problema para muchos habitantes, se habla muy poco de ello y los desarrolladores siguen aprovechando las reglas de juego de la nueva zonificación para su propio beneficio. Y así la ciudad, para alegría de unos pocos y tristeza de muchos, se va transformando en un lugar más injusto. Esta es la situación que Roberta Brandes Gratz explora en su más reciente artículo titulado "New Tork City", analizando cómo las leyes de zonificación han generado lo contrario a lo que predican.
La polémica en torno a Amazon requiere una aclaración: la empresa no se está "retirando de Nueva York". Simplemente está cancelando la construcción de un campus físico en Long Island City, el vecindario con el crecimiento más rápido de la ciudad durante casi una década. El destino de este vecindario refleja la desmesurada tendencia de desarrollo de la metrópoli en su conjunto y la errónea premisa de que construcción equivale a crecimiento. No obstante, dejemos de lado el panorama general por un momento.
La semana pasada escribí sobre el legado anti-urbano del arquitecto y desarrollador John Portman. Creo que vale la pena profundizar en estos proyectos, ya que al parecer hemos aprendido muy poco de sus fracasos.
Un ejemplo en Detroit es el Renaissance Center, uno de sus proyectos más grandes y celebrados. Sin embargo, este extenso complejo de siete rascacielos interconectados plantea algunas preguntas complejas para los planificadores urbanos de la actualidad como: ¿puede el centro de Detroit recuperarse completamente de este gigante y poco sensible desarrollo? Y aún más importante, ¿por qué otras ciudades no han la evidente lección?