
-
Arquitectos: Dinamita
- Área: 141 m²
- Año: 2024
-
Proveedores: Grupo Tenerife, Sukabumi Stone, Zenth


Marie Combette y Daniel Moreno Flores fundaron en 2019 La Cabina de la Curiosidad, un estudio de arquitectura y territorio con sede en Quito, Ecuador. Su enfoque arquitectónico se basa en un exhaustivo trabajo de campo, con una mirada urbana y territorial que prioriza el uso de recursos disponibles, la gestión del agua y el reciclaje. Utilizan el dibujo y las cartografías como herramientas esenciales para plasmar sus ideas y transformarlas en espacialidades. El nombre del estudio evoca un "baúl" convertido en una cabina llena de curiosidades que invitan a explorar diversas posibilidades. Este baúl se alimenta de experiencias cotidianas, derivadas de la simple interacción con la ciudad o el entorno, lo que desencadena un proceso creativo continuamente nutrido por la experimentación y el descubrimiento diario, sin temor a lo desconocido.


La fachada de un edificio a menudo sirve como reflejo tanto del tejido urbano en el que se encuentra como de lo que hay detrás de él. Más allá de la estética, las fachadas tienen un importante significado funcional, cultural y sostenible, especialmente en relación con el diseño de interiores. Aunque la fachada influye en la luz natural, las vistas y la organización espacial, los arquitectos y arquitectas han dado prioridad a la relación entre la envolvente del edificio y la calidad del interior, teniendo en cuenta los cambios culturales, económicos y ambientales actuales que influyen en la forma en que las personas diseñan su espacio de vida. Entonces, para responder a estas necesidades y hábitos en constante cambio, junto con el enfoque en el bienestar general, los arquitectos/as compensan la fachada y el techo (y, en algunos casos particulares, los pisos) para crear interiores dentro de interiores; envolventes secundarias que protegen el espacio interior del ambiente exterior.


Desde el periodo precolombino de América, en el cual florecieron culturas como la olmeca, maya, purépecha y mexica (azteca), hasta la época moderna, donde la arquitectura se ha visto influenciada por movimientos sociales e incluso desastres naturales, la arquitectura mexicana exhibe una valiosa expresión arquitectónica con una voz propia y características distintivas. El Premio Nobel de Literatura Octavio Paz sostenía que la arquitectura es un testigo incorruptible de la historia. Asimismo, los materiales que la conforman han actuado como protagonistas de ella, perdurando en muchos casos a lo largo del tiempo y evolucionando gracias a las generaciones de arquitectos que han contribuido desde diversas perspectivas.
Para trazar una línea del tiempo, es posible tomar como punto de partida la arquitectura prehispánica, que exhibió una diversidad de matices debido a la vasta extensión territorial de México. Esto permitió que diversas culturas encontraran su nicho y desarrollaran estilos arquitectónicos característicos. Posteriormente, la época de la colonización española, que a su vez recibió influencias de la arquitectura islámica, representó un notable punto de inflexión en el desarrollo arquitectónico. Esta fase perduró hasta la llegada de la Independencia de México en el siglo XIX. A su vez, esto marcó el inicio de movimientos sociales y culturales, tanto durante como después de la Revolución Mexicana a principios del siglo XX.



Una forma de emplear el color es a través de la monocromía, una técnica de diseño que consiste en utilizar una sola tonalidad o color en un espacio. En arquitectura, la monocromía es una herramienta poderosa en donde se puede hacer un juego de distintas tonalidades a partir del uso de luces y sombras, generando espacios que ofrezcan experiencias únicas a sus habitantes.





