
Cuando pensamos en los proyectos residenciales de la autoría de la arquitecta italiana Lina Bo Bardi, la imagen inmediata que nos viene a la mente es la de su residencia particular ubicada en São Paulo (1951), más precisamente la imagen de su bloque social acristalado, capturado desde una perspectiva de abajo hacia arriba, punto de vista que dramatiza aún más la contrastante relación entre aquel ligero y suspendido volumen ortogonal y el perfil natural del terreno, de pendiente pronunciada.
Me atrevo a decir que no hay otra obra de la arquitectura brasileña que sea tan conocida por una sola foto. Esta foto, que ilustra prácticamente todas las publicaciones sobre la arquitecta desde la finalización de la obra hace casi 70 años, y que incluso justifica el conocido apodo de “Casa de Vidrio”, expone la inequívoca condición moderna de este proyecto o, al menos, de la parte revelada por el ángulo de la célebre fotografía: una volumetría transparente y prismática, suspendida sobre delgados pilares retranqueados bajo la proyección de la losa de piso y, por consiguiente, libres en el interior del volumen elevado.

































