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El juego es una parte esencial de la vida de todas las personas, ya sean niños/as o adultos/as. Ya sea practicando deportes, jugando a un juego de mesa o simplemente compartiendo bromas con amigos/as, el juego es tan importante para los/las adultos/as como lo es construir una guarida o disfrazarse para un/a niño/a.


Cuando pensamos en los proyectos residenciales de la autoría de la arquitecta italiana Lina Bo Bardi, la imagen inmediata que nos viene a la mente es la de su residencia particular ubicada en São Paulo (1951), más precisamente la imagen de su bloque social acristalado, capturado desde una perspectiva de abajo hacia arriba, punto de vista que dramatiza aún más la contrastante relación entre aquel ligero y suspendido volumen ortogonal y el perfil natural del terreno, de pendiente pronunciada.
Me atrevo a decir que no hay otra obra de la arquitectura brasileña que sea tan conocida por una sola foto. Esta foto, que ilustra prácticamente todas las publicaciones sobre la arquitecta desde la finalización de la obra hace casi 70 años, y que incluso justifica el conocido apodo de “Casa de Vidrio”, expone la inequívoca condición moderna de este proyecto o, al menos, de la parte revelada por el ángulo de la célebre fotografía: una volumetría transparente y prismática, suspendida sobre delgados pilares retranqueados bajo la proyección de la losa de piso y, por consiguiente, libres en el interior del volumen elevado.

El 17 de agosto se conmemoró en Brasil el Día del Patrimonio Nacional, 21 días después del acto de protesta que incendió la estatua del *bandeirante* Borba Gato, en la zona sur de São Paulo. Esta contradicción abre espacio a una discusión crucial: ¿cómo estamos construyendo la memoria en nuestras ciudades? ¿Qué estamos valorizando como patrimonio de nuestro país?
El término patrimonio histórico-cultural se refiere a las producciones, materiales e inmateriales, de una determinada cultura inserta en la sociedad. Lo que caracteriza a un bien cultural como patrimonio es su relevancia histórica y social, la cual puede asociarse a la memoria colectiva e individual, dado que es a través de estas memorias como se comprende el pasado. Desde la perspectiva de la arquitectura, el término patrimonio se relaciona constantemente con edificios antiguos que comúnmente plasman los valores religiosos católicos o la vida burguesa de la élite.

