
El espacio público urbano es, y debe seguir siendo, un entorno para la manifestación social, cultural y política. Estudios como el de ONU-Habitat reconocen que los espacios públicos accesibles, seguros e inclusivos son medios reales para mitigar la desigualdad urbana.
Asimismo, al concebir estos espacios como una “sala de estar”, se espera que sean funcionales y estén adaptados para todas las personas, de modo que quienes los usen se sientan “invitados” a permanecer, utilizarlos y cuidarlos. A lo largo de las últimas dos décadas, los espacios públicos abiertos (calles, intersecciones, plazoletas, plazas, parques, etc.) han sido objeto de activaciones y experiencias estratégicas y tácticas.



