
La fama inmensa, especialmente cuando es el legado de un/a artista fallecido/a, puede propiciar una lectura jerárquica de su trayectoria, haciendo que un solo aspecto opaque otras dimensiones cruciales de su vida y obra. El meteórico reconocimiento del neoyorquino Jean-Michel Basquiat como artista e influjo cultural a lo largo de la década de 1980 hizo que sus enérgicas pinturas —similares a mapas mentales— fueran adquiridas masivamente tanto por museos como por colecciones privadas, además de comercializarse a gran escala en una variedad de productos, desde ropa de moda rápida hasta artículos de recuerdo de Nueva York. Basquiat: King Pleasure, una nueva exposición organizada por las hermanas de Jean-Michel, Lisane Basquiat y Jeanine Heriveaux, desmonta el mito que rodea el legendario ascenso del difunto artista desde las hostiles calles de la Nueva York de los ochenta hasta un éxito artístico pocas veces alcanzado.








