
La semana pasada, la Bienal de Arquitectura de Venecia anunció que pospondría su inauguración al 29 de agosto de este año, manteniendo la fecha de clausura original del 29 de noviembre. De este modo, la duración de la Bienal se reducirá a tres meses. El motivo de esta medida es evidente para todo el mundo: la epidemia de Covid-19, que ha puesto en jaque los habituales e intensos preparativos de la Bienal y que, desde que se anunció la decisión, se ha agravado hasta convertirse en un estado de emergencia nacional. El anuncio de la decisión se lee como una lección de sentido común.
