
La alteridad es fundamental para el desarrollo humano. Si se le priva de estímulos variados, el cerebro no se desarrolla, pierde plasticidad y se deteriora como un músculo atrofiado. Dicho argumento es ampliamente aceptado cuando se trata de relaciones sociales, actividades cognitivas o físicas. ¿Y qué hay de los estímulos promovidos por el entorno construido?