
Entre las buenas prácticas de las ciudades contemporáneas se encuentran objetivos como a la proximidade entre el hogar y el trabajo, la mixtura de usos, la búsqueda de una densidad que permita la caminabilidad y que las plantas bajas de los edificios sirvan como “ojos de la calle” —en palabras de la urbanista Jane Jacobs— orientados hacia las aceras. Como ejemplos de estas características se encuentran ciudades como París, con su vida comercial orientada al paseo; Barcelona, con sus manzanas diseñadas por el Plan Cerdá; Nueva York, con su intensa vida urbana en la isla de Manhattan, y Hong Kong, con su enorme densidad en una pequeña porción de tierra. Todos estos ejemplos se sitúan en realidades distintas a la vida urbana de Brasil, um país emergente.


