Fabiola López-Durán

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Fantasías de la blancura

En la inauguración del Primer Congreso Brasileño de Eugenia, en julio de 1929, el médico y antropólogo Edgar Roquette-Pinto se dirigió a un público preocupado por cómo un país tan vasto como Brasil podría incrementar y mejorar su población de la mejor manera. Para lograrlo, Roquette-Pinto exaltó la «eugenia» como la nueva ciencia que, junto con la medicina y la higiene, garantizaría la eficiencia y el perfeccionamiento de la raza. Con las siguientes palabras, el científico brasileño subrayó una agenda positivista que colocaba a la arquitectura en el núcleo mismo del movimiento de la eugenesia —la llamada ciencia del «mejoramiento» de la raza—: «Es fundamental subrayar que la influencia [sobre nuestra raza] no proviene del medio natural, sino del medio artificial creado por el ser humano». Con estas palabras de apertura del congreso, Roquette-Pinto llamó la atención sobre el papel crucial que desempeña el entorno construido por el ser humano en el «mejoramiento» de lo que denominó el «patrimonio biológico» de la diversa población de Brasil. En su invitación a la ingeniería social, Roquette-Pinto señaló la colusión ambiental-genética que esperaban traería consigo la posibilidad misma del progreso.

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