Eran Chen

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La forma sigue a la diversión: El nuevo paradigma

Si la cultura callejera es el pegamento que mantiene unido al entorno urbano, ¿qué ocurre cuando sus habitantes ya no necesitan salir al exterior? Esta es una de las preguntas fundamentales a las que se enfrentan los/las arquitectos/as en la actualidad, décadas después de que el movimiento del Nuevo Urbanismo popularizara —o, mejor dicho, recuperara— el concepto de calles de uso mixto, y a más de sesenta años de que Jane Jacobs defendiera de manera célebre las calles peatonales como un elemento esencial para construir comunidades urbanas vibrantes.

Quedaron atrás, por supuesto, los días en que las calles de la ciudad eran nuestra única vía o alternativa para acceder a comercios y servicios. Hoy en día, internet nos ofrece todo eso y más: compras en línea, banca digital, educación e incluso servicios de salud a distancia. Por su parte, las redes sociales han transformado la manera en que nos comunicamos con amigos y vecinos. En pocas palabras: ya no necesitamos salir para interactuar socialmente o adquirir servicios; ahora elegimos hacerlo.

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Colectividad y bien común: cómo cambiará la vivienda por el Coronavirus

Colectividad y bien común: cómo cambiará la vivienda por el Coronavirus - Imagen Principal
First © Imagen Subliminal. Imagen cortesía de ODA Architecture

La humanidad se enfrenta a un nuevo desafío colectivo sin precedentes en nuestra vida. Uno de aislamiento, impulsado por la auto-cuarentena durante un período indefinido. Es un experimento social sin resultado predecible. Pero una constante en la ecuación es la arquitectura.

Con más de la mitad de la población mundial habitando ciudades o áreas densamente pobladas, miles de millones de personas residen actualmente en espacios pequeños, desconectados entre sí por ladrillos, concreto y acero. El experimento de vivienda social de los años cincuenta y sesenta creó una nueva tipología arquitectónica, que se vio agravada por una construcción social subyacente, impulsada por el capitalismo, que nos indicó que nos ocuparamos de nuestros propios asuntos. De alguna manera, durante la era de los rascacielos que siguieron, convirtió esta idea de aislamiento en un símbolo de estatus, ya que los penthouses, a los que se accede mediante ascensores privados, hoy flotan por encima de las calles de la ciudad.