
Tradicionalmente, el papel de la arquitectura ha sido crear una barrera entre sus habitantes y la intemperie, brindando protección y seguridad. A pesar de los avances materiales y tecnológicos a lo largo del tiempo, esta función sigue siendo fundamental. Aún dependemos de las envolventes de los edificios para mantenernos a salvo, protegidos y cómodos, permitiéndonos desarrollar nuestra vida cotidiana con tranquilidad. En la actualidad, las envolventes edilicias de alto rendimiento expanden esta función protectora mediante el uso de materiales y tecnologías de vanguardia, transformándose en elementos esenciales de un diseño sostenible y resiliente. No solo protegen los interiores de factores externos —como el calor, la humedad y los contaminantes—, sino que también contribuyen directamente a la eficiencia energética, durabilidad y estética del edificio. Compuestas por fachadas, sistemas de protección solar y ventanas, estas envolventes definen el carácter de la obra y desempeñan un papel fundamental en su rendimiento general.
















