
La historia de los electrodomésticos refleja de cerca la transformación del hogar moderno y de la vida doméstica a lo largo del siglo XX. Con sus raíces en los avances técnicos de la Revolución Industrial e impulsados por la electrificación urbana, estos dispositivos se crearon para mecanizar tareas cotidianas como cocinar, limpiar y conservar alimentos. Un hito fundamental en esta evolución fue la Cocina de Fráncfort (Frankfurt Kitchen), diseñada en 1926 por la arquitecta austriaca Margarete Schütte-Lihotzky. Considerada la precursora de la cocina moderna, incorporó principios de eficiencia inspirados en la organización científica del trabajo, con espacios optimizados y equipamiento integrado para agilizar las tareas del hogar. Desarrollada para la vivienda social en Fráncfort, esta cocina encarna el espíritu funcionalista de la Bauhaus y establece una conexión directa con las innovaciones del diseño alemán, un contexto en el que Gaggenau también consolidaría su identidad, combinando precisión técnica y sofisticación estética.
















