
Ensayo y error constantes. Los y las profesionales de la arquitectura dibujan y redibujan líneas, formas, objetos e imágenes en servilletas, papel de calco o incluso sobre el fondo negro de una pantalla de CAD. Se descarta y se vuelve a empezar, una y otra vez. El trayecto entre la idea inicial y el proyecto final es un camino largo y complejo. La dificultad radica en la esencia misma del diseño: un proceso de toma de decisiones infinitas en el que un solo cambio repercute en innumerables factores, convirtiéndose así en un ejercicio de negociación y concesiones. Estas elecciones van desde determinar qué superficie de desplante genera el menor impacto ambiental, hasta distribuir el mayor número posible de escritorios en una oficina manteniendo una circulación fluida. Cada decisión exige una profunda investigación o análisis para dar con la solución óptima. Por ejemplo, la ubicación de una ventana que funciona estéticamente en la fachada podría impedir la colocación de una cama en el dormitorio o elevar el consumo energético del edificio.
Desde luego, en todo proyecto existen plazos de entrega y presupuestos ajustados; los clientes suelen tener prisa, lo que limita el tiempo disponible para evaluar cada combinación posible o la precisión de cada decisión. Es en este escenario donde el concepto de diseño generativo cobra cada vez más fuerza en la arquitectura.




















