
En su contexto clásico, con un aula integrada por un pizarrón, el personal docente de pie y el alumnado sentado, los espacios internos de una escuela pueden confundirse fácilmente con cárceles. Ahora pensemos en el área externa y pública de la mayoría de las instituciones de enseñanza en Brasil: ¿cuántas veces se puede reconocer que ese lugar es una escuela con tan solo mirarlo de lejos?