
Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en las ciudades y esto representa un reto para los urbanistas y profesionales de la gestión y diseño de las urbes. Uno de sus elementos más relevantes son los espacios públicos (parques, plazas, explanadas, bulevares, calles, entre otros), es decir aquellos espacios de la ciudad donde cualquier persona tiene derecho a estar y circular libremente, que funciona como lugar de encuentro donde convergen distintos factores culturales, intercambios sociales, económicos y de información.
“La ciudad permite ver sin ser vistos y ser vistos sin ver”, decía el crítico cultural Serge Daney y en dicha invisibilidad hay ciudadanos que no suelen ser incluidos en el diseño de espacios públicos: la primera infancia. Aunque la vida en la ciudad puede acarrear dificultades para las niñas y niños en sus primeros años de vida y sus cuidadores (madres, abuelas, tíos, etc.), también puede suponer un entorno idóneo para el aprendizaje. Según Cecilia Vaca Jones, ex directora ejecutiva de la Fundación van Leer, “las ciudades podrían tener el potencial de promover una vida saludable y próspera para nuestros infantes y sus cuidadores. Un adecuado diseño urbano puede constituir una respuesta innovadora que contribuya al desarrollo infantil”.
