
En el contexto de la crisis sanitaria y socioeconómica del coronavirus, hemos visto cómo el largo aislamiento físico puede afectar el comportamiento de los ciudadanos y generar incertidumbre en el momento de volver a salir a la calle, es decir, a la ciudad misma. El surgimiento de esta nueva pandemia ha colocado al espacio público como el antagonista de una película real que nos expone a un potencial contagio. Sin embargo, el espacio público es también una parte central de la solución al problema. En el día a día de la fase de recuperación y reapertura de las ciudades, nos encontramos frente a la desafiante tarea de que las actividades cotidianas tengan protocolos cuidados.
En miras a construir comunidades más humanas, resilientes y sostenibles, es importante pensar en cómo las ciudades deben enfrentar estos momentos de transición y buscar soluciones para volver a una nueva vida pública en etapas graduales, que contemplen el cuidado, los desafíos, las problemáticas y las oportunidades actuales. Gobiernos, organizaciones, profesionales, instituciones y activistas de diferentes ciudades alrededor del mundo están promoviendo un proceso que reconoce la necesidad de generar una ‘transformación y adaptación’. En oposición al proceso natural de ‘reacción y retorno’ a la situación anterior, tras la crisis desatada por el COVID-19, se está yendo más bien a un proceso que reconoce y aprovecha los cambios resultantes de la nueva forma de habitar los espacios.
