
El COVID-19 nos ha obligado a poner en duda los parámetros qué conocemos como “normales”, para la humanidad, nuestro paso por el mundo y la huella que en él vamos dejando nos ha llevado al confinamiento, una cuarentena de las casas, re-vividas luego de abandonadas por el trabajo impuesto desde un mundo basado en la producción, el mercado y el capital.
Al revivirlas, las carencias, los afectos y desafectos nos han visitado, la soledad se ha vuelto compañera y amiga y nos ha invadido la conciencia por el otro, por el yo y por el nosotros, juntos en este mundo de las individualidades y aún más seguros de lo compartido, de lo colectivo, de lo de todos.
