
Cuenta Vitruvio en 'Los 10 libros de la Arquitectura' que cuando el hombre consiguió dominar el fuego y vio que aquello era bueno hizo gestos a otros hombres para que se unieran a él. Una vez reunidos, entorno del calor y de la luz de la llama, empezaron a desarrollar el lenguaje para nombrar aquellas cosas que tenían frente a ellos. Fue entonces cuando necesitaron asegurar la permanencia de ese encuentro y empezaron a construir a su alrededor, para que ese lugar y ese fuego quedara al resguardo del tiempo y de las inclemencias. Así nació la arquitectura, con la voluntad de hacer perennes las comunidades. Pero además de cuidar y proteger lo que había dentro, las personas y su lenguaje, sus leyes y sus normas, el espacio construido establecía también un límite y una frontera con lo que había fuera: lo salvaje, lo desconocido, lo oscuro … los otros. La arquitectura y la ciudad, más allá de su aspecto técnico, es una solidificación de las estructuras sociales y las comunidades a las que alberga. La ley y la palabra articulan la comunidad y la arquitectura y sus muros la mantienen en el espacio y el tiempo, haciendo posible la existencia de ese encuentro.
En esta edición del ciclo Pantalla Pavelló hemos seleccionado una serie de películas en las que la relación entre el espacio construido, sus límites y sus fronteras, y los habitantes que residen se acentúa y revela en su máxima expresión.
La arquitectura, y con ella las ciudades, no es simplemente el fondo y el escenario inocuo donde sucede la vida, sino que determina e influye en cómo vivimos de la misma manera que lo hacen nuestras normas de convivencia y las leyes que regulan las sociedades.
