
La promesa electoral de Donald Trump relanza y da un impulso definitivo a un viejo y obsoleto proyecto de separación física que había sido abandonado por los últimos Gobiernos norteamericanos ante su manifiesta ineficacia para obtener los resultados pretendidos (detención del narcotráfico, inmigración ilegal y tráfico de armas) y ante las desastrosas consecuencias humanitarias y medioambientales que conlleva.
Como ocurrió con la construcción de las actuales barreras, se prevé un aumento significativo del número de muertes (más de 8.000 cuerpos recuperados en las últimas dos décadas); gente que, a pesar de todo, buscará nuevas zonas de paso más peligrosas como el desierto de Arizona o a través del Río Bravo. Todos estos costes económicos, humanitarios y ecológicos no impedirán, según los expertos, que continúe la entrada ilegal de inmigrantes movidos por la desesperación. En las últimas dos décadas se han construido barreras, se han instalado sensores, cámaras, satélites y otras tecnologías y han aumentado los agentes fronterizos un 518% hasta llegar a los 21.000 actuales, sin embargo, estas medidas se han demostrado incapaces de frenar a aquéllos que lo han dejado todo para recorrer cientos o miles de kilómetros en busca una vida mejor.
UBICACIÓN
Desde las colinas que rodean la ciudad se observa la división entre la Nogales estadounidense y la Nogales mexicana con un muro que se extiende mucho más allá de la ciudad por el árido desierto. La Nogales mexicana es punto de encuentro de los recién deportados y los recién llegados desde el sur que valoran si continuar su viaje hacia Estados Unidos o volver a casa; de voluntarios y de organizaciones de ayuda a los migrantes. La versión actual del muro es bastante reciente y consiste en altas vigas de acero dispuestas en fila con dos pasos fronterizos por los que cruzan mercancías y personas diariamente, varios santuarios que recuerdan los lugares donde se ha producido la muerte de algún migrante y alguna manifestación artística que aprovecha el muro como lienzo. Donde acaba este imponente muro de acero continua una barrera construida con vías de ferrocarril viejas cubiertas de alambre de espino salpicada de evidencias del paso de personas como fogatas y restos de comida.
