
Una ciudad como París es intensa, acelerada, llena de turistas, trabajadores, coches, restaurantes... Es un lugar en constante movimiento, con cambios de atmósferas, con personas caminando y haciendo fotografías. Es la ciudad perfecta para tomar café y mirar a la gente pasar, contemplar turistas embelesados con su arquitectura, hombres de negocios que corren a coger el metro o parisinos que pasean su ciudad. Las terrazas de París nunca dan la espalda a la ciudad, miran hacia ella. Pero hoy en día somos nosotros los que damos la espalda a lo que ocurre a nuestro alrededor.
Una taza de café y buena compañía son más que suficiente para disfrutar de una tarde en una bella ciudad. En este tema nos centramos esta vez, en apreciar las pequeñas cosas y encontrar el equilibrio entre la tecnología y la diversión. ¿Qué necesita un espacio para charlar, para jugar al ajedrez o soplar unas velas de cumpleaños?
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