
La educación es un derecho, y el conocimiento un capital de la sociedad. Cabe preguntarse entonces si en el escenario actual ¿son los profesionales conscientes de que su formación significa una inversión social?
Desde pequeños somos esculpidos con la ambición de adquirir un título universitario. En el afán de la competencia la profesión se convierte en una aspiración individual, que pretende mediante la obtención de mayores rentas, la búsqueda del prometido bienestar económico. Bajo este modelo, la formación profesional ha olvidado su verdadera deuda.
