
El ajetreo cotidiano nos impide ver y vivir las ciudades. Ya sea en autobús, metro, coche, moto, bicicleta o a pie. Corremos todo el tiempo, sin darnos cuenta de que es nuestro mayor bien. En ese ajetreo, las ciudades pasan desapercibidas. Nuestro enfoque es ir y volver, día tras día.
¿Pero se ha planteado alguna vez si ese camino fuera más “suave”? Sin duda, ¡nuestra rutina sería mucho mejor!
Así son las soft cities o, en una traducción libre, las ciudades suaves. Lugares donde las ventanas están abiertas, caminar es seguro, la densidad es humana y se adaptan a nuestra rutina, día tras día.
