
La arquitectura, el espacio del ser humano, fue para Adriano Olivetti una herramienta irremplazable para la creación de comunidades. Ivrea y el territorio de Canavese fueron los principales campos de acción de una política industrial caracterizada por una fuerte responsabilidad social.
Tras la muerte de Adriano, si bien el proyecto cultural y político de la Comunidad se disolvió, su legado ético no fue abandonado, sino que evolucionó para enfrentar el impacto del próximo periodo de rápida expansión internacional. El desafío fue asumido por una dirección consciente de la singularidad de Olivetti, que lideró la realización de showrooms, fábricas y sedes de filiales en todo el mundo, concebidos como las cartas de presentación de la empresa y diseñados por los maestros de la escena arquitectónica internacional: Gae Aulenti, BBPR, James Stirling y Eduard Cullinan, Louis Kahn, Egon Eiermann, Kenzo Tange, Federico Correa y Alfonso Milà. Y, una vez más, como en un efecto de rebote, Ivrea experimentó las últimas creaciones edilicias de un cliente capaz de dialogar con la vanguardia de la experimentación arquitectónica.
