
El Sol, estrella «madre» del sistema solar alrededor de la cual giran diversos cuerpos, incluida la Tierra, cuyo núcleo de fusión produce energía y libera radiación electromagnética, un flujo de partículas y neutrinos. En 2024, una oleada de esta radiación provocó una tormenta capaz de interrumpir las transmisiones de la red eléctrica en la Tierra.
Situado en el brazo de Orión, el Sol no solo influye significativamente en el clima terrestre, sino que también es protagonista de recurrentes visiones cosmogónicas —desde los antiguos egipcios y las civilizaciones precolombinas hasta la Ciudad del Sol de Tommaso Campanella— que lo sitúan en el centro de los sistemas religiosos y políticos como fuente de irradiación y emanación (de vida, poder, conocimiento). Estudiado y venerado, ha inspirado diversas obras y proyectos arquitectónicos que le dedican espacios y territorios, como los monumentos megalíticos construidos considerando su posición durante el solsticio de verano, o el Templo de Kukulkán en México, diseñado para proyectar sombras con forma de serpiente durante los equinoccios. Esta antigua tradición de observar los solsticios continuó, por ejemplo, con la obra de arte terrestre Observatory, creada por Robert Morris en 1971 en Flevoland, tal como destaca Rosalind Krauss: «Morris había comenzado a pensar en las estructuras tanto hechas (como Stonehenge) como encontradas (como las cuevas) por las sociedades prehistóricas para convertir el arco de las revoluciones solares en la línea recta de la trayectoria inteligible, similar a una flecha, y así 'leer' los solsticios. Observatory (1971) es un proyecto masivo a través del cual pensar y experimentar esta noción culturalmente antigua de marcar, es decir, de entrar en un texto que uno mismo no ha escrito y que seguirá produciéndose hasta el fin del tiempo solar».
