
La cuestión de las diásporas, observada en el desplazamiento de poblaciones entre lugares del mundo, está a la orden del día. Todos en busca de un sueño: la ciudad como refugio acogedor para quienes las adversidades de la vida han expulsado de sus tierras. Para pensar en esta CIUDAD que mujeres y hombres puedan llamar hogar, en tiempos de diásporas, es necesaria la UTOPÍA. La ciudad que no existe es una ciudad posible, o más aún: es la construcción de un ideario de experiencias urbanas basadas en la acogida y la solidaridad.
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