
Ante un futuro marcado por la incertidumbre y unas relaciones políticas más tensas que nunca, existe una amenaza silenciosa que podría resultar más letal y peligrosa para la humanidad que un centenar de pandemias: las armas nucleares.
En 1945, Estados Unidos bombardeó Hiroshima y Nagasaki, lo que puso fin a la Segunda Guerra Mundial y causó la muerte de más de 100.000 personas, en su mayoría civiles. El bombardeo de Nagasaki fue la segunda y última vez que un país utilizó un arma nuclear en combate. Sin embargo, no fue la última explosión nuclear, ya que las pruebas de explosiones controladas continuaron durante años.
En el 75.º aniversario del bombardeo, el alcalde de Nagasaki, Tomihisa Taue, instó al entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, y al gobierno central a firmar y ratificar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares de las Naciones Unidas de 2017. No obstante, desde entonces ha habido poco o nulo progreso oficial hacia una prohibición internacional de las armas nucleares.
