
La pandemia de COVID-19 ha planteado desafíos sin precedentes al mundo y está impactando nuestras vidas cotidianas al restringir radicalmente nuestros movimientos personales. Resulta casi innecesario mencionar que este mes ha seguido siendo testigo de cambios extraordinarios, rápidos e impensables en los espacios públicos y privados. A medida que el virus continúa propagándose, países de todo el mundo han ordenado a los ciudadanos y ciudadanas que se retiren a sus hogares y permanezcan allí. Las medidas de distanciamiento social redujeron drásticamente nuestro rango personal de movimiento a nuestras "propias cuatro paredes".
Estos cambios drásticos nos tomaron por sorpresa, tanto a nosotros y nosotras como a nuestros entornos habitacionales. Mientras nos refugiamos en nuestros hogares, las habitaciones donde antes pasábamos pocas horas despiertos ahora encapsulan nuestra existencia completa. Sin embargo, nuestro espacio vital personal no puede absorber todas las facetas de las actividades de "vivir", "trabajar" y "ocio".
La nueva realidad debe analizarse desde una perspectiva política y de desarrollo espacial, pero, más importante aún, debe observarse desde una óptica sociológica que nos invita a mirar nuestro entorno familiar de una manera renovada. Nos anima a observar con nuevos ojos el mundo que siempre hemos dado por sentado y a examinar nuestro entorno espacial personal con la misma curiosidad que podríamos aplicar a una cultura extranjera exótica.
