
Nosotras, un grupo de diez gallinas (en colaboración con la revista Outsider), lanzamos un concurso de arquitectura. Necesitamos un nuevo gallinero. Nuestro estándar de vida no ha cambiado significativamente durante siglos: unas pocas tablas, algo de paja y la lógica simple de “mantenerlo cubierto y cerrado para que el zorro no pueda entrar”. Mientras las personas debaten sobre vivienda, sostenibilidad, estructura, materiales, luz y microclima, las gallinas permanecen atrapadas en una especie de era premoderna, lo cual, seamos honestos, no habla bien del progreso de la arquitectura para animales.
No pedimos un rascacielos ni una casa inteligente. Simplemente queremos que el gallinero sea arquitectura; una que exprese claramente cómo la sociedad entiende su relación con los animales, el paisaje, el confort, los materiales naturales y los rituales cotidianos.
