
En la actualidad, la incesante producción de cultura y conocimiento plantea una tarea importante para la noción de compromiso. El conocimiento y la cultura se producen en exceso tanto en las instituciones como en la cultura popular, lo que impone a críticos y académicos la tarea imposible de filtrar cantidades infinitas de material cultural para emitir juicios de valor. Como consecuencia y, en parte, causa de un cambio de pensamiento que comenzó en las décadas de 1960 y 1970, un fenómeno que podría denominarse democratización de la producción (de narrativas, imágenes, culturas) ha tenido efectos positivos para los movimientos de derechos civiles, lo que ha llevado a la inclusión de grupos demográficos subrepresentados en campos que antes les eran hostiles. Sin embargo, las consecuencias de la desmitificación posmoderna de la verdad universal (que fue necesaria para, y producida por, dicho cambio de pensamiento) han traído consigo la erosión del concepto de moralidad. La última década ha sido testigo de un mayor desmantelamiento de la noción universal de "verdad" y sus efectos en la política; basta notar la gran dificultad que tienen los políticos contemporáneos para afirmar de manera convincente que algo es moralmente correcto y necesario. La afirmación de que "la verdad es subjetiva", que alguna vez fue una gran herramienta para socavar las grandes narrativas dominantes del pasado, ahora se utiliza libremente en nombre de las libertades individuales, a menudo sin evaluar la moralidad de tales libertades.
Nuestra postura: Nuestro interés con PLAT 9.0: COMMIT en el contexto descrito anteriormente busca reinstaurar los conceptos de responsabilidad y moralidad como elementos importantes en el diseño y la producción de arquitectura. Esto no debería llevarnos a pensar estrictamente en vivienda pública y arquitectura humanitaria, pues aunque la moralidad está ciertamente ligada a la producción de esos modos de arquitectura, ese no es el ámbito donde la responsabilidad y la moralidad han estado necesariamente ausentes. Tampoco debería pensarse en la moralidad meramente como un problema representacional, una imagen simbólica de la moralidad. En cambio, debería servir para incorporar una marca de responsabilidad en las decisiones arquitectónicas. A nivel de diseño, cuando la arquitectura produce material en exceso, no es justificación suficiente alegar que es parte de un proceso formal interno. A nivel de observación arquitectónica, estar comprometido implica ir más allá de las distinciones estilísticas entre edificios. Es decir, en lugar de abordar una observación basada únicamente en cuestiones de estilo o imagen, se debe considerar la manera en que las formas, los gestos formales o incluso los elementos constructivos entran en existencia con una marca clara de responsabilidad; aquellos elementos que entran en el mundo construido sin una marca de responsabilidad corren el riesgo de convertirse en material sobrante.
