
Una idea hermosa o una imagen evocadora pueden estimular nuestra imaginación más que un objeto, un edificio o incluso una ciudad entera. Sin embargo, es la materialidad la que constituye el gran poder de la arquitectura, su capacidad para convertir una construcción física en una experiencia verdaderamente trascendental.
Pensemos en cómo mejorar los edificios que ya tenemos en lugar de, como suele ocurrir, demolerlos para empezar otros desde cero. Y cuando se trata de abordar edificios recientes, aún no protegidos por su estatus de patrimonio, existe una gran libertad en cuanto a cómo podrían transformarse.
Uno de los edificios más icónicos de Chicago, el James R. Thompson Center, es un claro ejemplo. La decisión del gobierno del estado de Illinois de venderlo para un nuevo desarrollo pone en gran peligro a esta joya de la arquitectura de finales del siglo XX, con 35 años de antigüedad.
