
En el caótico mundo actual, la simplicidad se vuelve virtuosa. Como directriz operativa, la simplicidad obliga a buscar lo esencial, donde lo que importa se conserva y lo que no, se descarta. La simplicidad es, a la vez, clásica y tendencia; ambiciosa e ingenua; utópica y pragmática. Una década después de 2008, este sentimiento está arraigado en las tendencias actuales de austeridad, con realidades económicas que influyen profundamente en la estética y la ética dentro de la arquitectura. El valor de la simplicidad no reside solo en el lujo de un proyecto representativo, sino, con mayor fuerza, en los métodos de práctica: en la comprensión de cómo los/las arquitectos/as toman decisiones al realizar su trabajo. La simplicidad en la comunicación es importante, ya que los/las profesionales relacionados/as requieren información, los/las clientes quieren saber por qué están pagando y diversos públicos sienten curiosidad por lo que hacen los/las arquitectos/as. Últimamente, la simplicidad es una táctica de supervivencia conceptual: se necesita una comprensión compartible y legible de una pieza arquitectónica, incluso como imagen, para que perdure en nuestro entorno acelerado y saturado de medios. PLAT sospecha que esta concisión deja la obra abierta a un compromiso continuo, y que la simplicidad no es lo opuesto a la complejidad, sino que existe como su complemento: la complejidad se construye a partir de simplicidades, y viceversa.
Por otro lado, la simplicidad no es lo que pretende ser. En arquitectura, requiere mucho esfuerzo que una obra “parezca” atractivamente simple, lo que conduce a expresiones opacas que parecen elementales pero que, en realidad, no lo son en absoluto. Además, demasiada simplicidad aplana los matices. Al valorar esta cualidad, todo puede convertirse en una frase ingeniosa, un diagrama, un titular, una imagen, un anuncio, un tema de conversación, un tuit: un bocado digerible de contenido. Los/las arquitectos/as son generalistas sintetizadores que existen entre disciplinas, una autodefinición que nos posiciona como tomadores/as de decisiones perspicaces que navegan por situaciones y procesos complicados. Incluso existe un conflicto real entre la tríada histórica de valores de la arquitectura: Firmitas, utilitas, venustas; hoy en día, elige dos. A su manera elegante, la simplicidad bajo el capitalismo silencia el conflicto y enmascara la violencia. Finalmente, ser simple es ser básico, preferir la facilidad de un dato curioso a la dificultad de la sabiduría, o incluso preferir falsedades ordenadas a verdades incómodas. La simplicidad miente.
