
El ascenso de WeWork, su fallida oferta pública inicial (OPI) y la posterior destitución de su director ejecutivo han sido documentados exhaustivamente en innumerables artículos, podcasts, libros y series de televisión. Sin embargo, se comprende menos hasta qué punto WeWork desafió —y transformó— la manera en que se diseñan, entregan y operan los espacios.
En su apogeo, muchos de los ejecutivos de mayor rango de WeWork —incluido su cofundador— se habían formado como arquitectos/as, y la empresa empleaba a un equipo de diseño, ingeniería, adquisiciones y construcción de casi 1.800 personas que diseñó y entregó más de 44,8 millones de pies cuadrados de espacio a nivel mundial, abarcando desde espacios de coworking y sedes corporativas para empresas de Fortune 100, hasta edificios de nueva planta y planes maestros de campus. Estos/as profesionales trabajaron juntos/as en un contexto integrado verticalmente, posiblemente distinto a cualquier otra práctica de diseño espacial que hubiera existido antes: una forma de práctica multidisciplinaria ambiciosa, aunque efímera, organizada en torno a la entrega de productos espaciales en lugar de servicios profesionales. Este enfoque en el producto —sumado a un hipercrecimiento financiado por capital de riesgo— requirió la integración de una diversidad inusual de disciplinas y habilidades bajo un mismo techo. Arquitectos/as, diseñadores/as de interiores, ingenieros/as, estrategas de espacios de trabajo, diseñadores/as gráficos/as, gerentes de construcción, tecnólogos/as, fabricantes, estimadores/as de costos, especialistas en adquisiciones, especialistas en bienes raíces, especialistas en seguridad, estrategas de negocios, gerentes de comunidad, gerentes de instalaciones, profesionales del marketing... todos/as trabajaron codo a codo en las numerosas sedes de WeWork distribuidas por todo el mundo.
El resultado no solo ha sido la construcción de más de 700 proyectos (y muchos otros no construidos), sino también una red global de ex empleados/as de WeWork que están transformando las industrias de AEC, espacios de trabajo y bienes raíces, tanto al aportar nuevas formas de hacer las cosas a empresas y organizaciones establecidas, como al formar nuevas empresas que replantean por completo los antiguos límites disciplinarios. A medida que este “Efecto WeWork” cobra fuerza, es el momento de que CLOG examine el impacto que WeWork ha tenido en la forma en que creamos y experimentamos el entorno construido.
