
El plástico ha contribuido enormemente a la configuración de la sociedad moderna. Su versatilidad como material ha revolucionado la actividad y la vida humana, haciendo posibles los viajes espaciales y transformando la medicina. A diario, salva a millones de personas al hacer que los recursos alimentarios sean seguros y accesibles para las poblaciones más pobres del planeta. La vida moderna es adicta y dependiente de esta sustancia versátil, presente en todo: desde automóviles, aviones, computadoras y equipos, hasta ropa hecha de poliéster y nailon, e incluso en el sello adhesivo de la mayoría de las bolsas de té.
Desde la década de 1950, la producción de plástico ha superado la de casi cualquier otro material. Gran parte del plástico que producimos está diseñado para desecharse tras un solo uso. En consecuencia, los envases de plástico representan cerca de la mitad de los residuos plásticos del mundo. Nuestra capacidad para gestionar estos desechos ya se ha visto superada. Por su naturaleza, el plástico es indestructible y, actualmente, existe una cantidad incalculable en el planeta. La humanidad está perdiendo la batalla contra los residuos plásticos.
