
Durante siglos, los terremotos han sido un fenómeno inevitable que trae destrucción y devastación a todo el mundo, y no estamos más preparados ni mejor equipados para enfrentarlos que en el pasado. Se trata de un problema global y, aunque algunos países como Japón están mejor preparados con la infraestructura adecuada para lidiar con estos desastres, todavía quedan muchas naciones que se encuentran impotentes ante ellos. Países como Irán, Indonesia y Turquía son algunos de los más propensos a sufrir terremotos, pero carecen de la infraestructura necesaria para minimizar los daños.
Uno de los ejemplos más recientes de estos terremotos catastróficos es el ocurrido en Kermanshah, Irán, y otro de los más destructivos fue el terremoto de Bam de 2003; ambos resultaron en una grave pérdida de vidas y devastación tanto durante como después de los eventos. Calamidades como estas ocurren con frecuencia en todo el mundo y cuestan la vida y el sustento de miles de personas, sin embargo, no se han propuesto soluciones importantes.
Al encontrar una solución sobre cómo gestionar estos desastres y lidiar con su destrucción y daños, potencialmente podríamos salvar muchas vidas y evitar la pérdida de una cantidad considerable de recursos.
