
Los edificios a menudo se diseñan aspirando a una larga vida útil. Con los materiales de construcción modernos, el ciclo de vida promedio de un edificio se estima entre 40 y 50 años. Sin embargo, ¿qué sucede cuando un edificio muere y qué ocurre si queda obsoleto antes de tiempo?
Cuando los edificios se agrupan, forman una localidad que, a su vez, contribuye a construir una ciudad. El funcionamiento adecuado de cualquiera de estos edificios se convierte en un activo para la ciudad. Por el contrario, un edificio en desuso termina siendo una carga para la misma.
El impulso tecnológico marca la mejora de nuestro estilo de vida. Ante este cambio, si un edificio no puede satisfacer las necesidades cambiantes de la sociedad, es abandonado incluso antes de su muerte física.
