Por Amarí Peliowski Arquitecta PUCV, Master EHESS, candidata a Doctora en Historia del Arte, EHESS, París

En una de sus primeras instalaciones artísticas, Gordon Matta-Clark cavó un hoyo en el suelo del taller donde solía trabajar, el subterráneo de la Green Street Gallery en Nueva York, plantando luego un cerezo en el agujero y pasto en el montón de tierra extraída. Cherry tree, de 1971, obedecía al sueño de su autor de cavar bajo el edificio para exponer las fundaciones, liberando la tierra subyacente de la compresión ejercida por el pesado edificio de la galería. Luego dejó por varias semanas el árbol y el pasto iluminados con una lámpara infrarroja (incluso se dice que el cerezo floreció en enero, pleno invierno en Nueva York), llevando las condiciones exteriores de luz y calor –vida- a un lugar anteriormente confinado y oprimido.
