
Germán del Sol, arquitecto del hotel, dice en la memoria del proyecto, que “el hotel no es una casa”. Este hotel, sin embargo, tampoco es un hotel tradicional; lo que Remota ofrece a sus visitantes es mas bien una experiencia de viaje. En ese sentido, se entienden las palabras de Del Sol; de lo que se trata aquí es de alejarse de la casa y de lo cotidiano, para llegar a un lugar donde “todo esta hecho para vivir la vida en la Patagonia tal como es”.
El hotel consiste en tres pabellones formando una U abierta hacia el Seno de Ultima Esperanza. Hay dos volúmenes de habitaciones, de dos pisos de altura, y un volumen principal que en planta es una V, donde uno de los brazos contiene los estares y el comedor, y el otro los servicios de apoyo, como cocina, administración y habitaciones del personal. En el vértice de la V, se ubican dos salas sin mayor uso específico, con magnificas vistas hacia la cordillera y el mar. En un cuerpo algo apartado, se ubican la piscina, sauna y jacuzzi al aire libre. Los cuerpos principales rodean un espacio abierto, donde se conservo la vegetación del lugar – pastos – y se dispusieron rocas erráticas como las que abundan en estas zonas de reciente pasado glacial. Este lugar central es atravesado por unos pasillos, algunos cubiertos y otros abiertos, que aluden a aquellos de los galpones de esquila magallánicos.







































