
El Cerro San Cristóbal, más alla de un lugar común
por Claudio Santander Arquitecto, Profesor UFT. Las motivaciones que nos conducen a plantearnos ciertos problemas pueden llegar en los momentos y lugares menos pensados. Pertenezco a uno de los 5 millones de visitantes que al año recibe el Parque Metropolitano de Santiago, al que personalmente prefiero llamar Cerro San Cristobal, nombre por el cual lo conocí desde niño cuando lo visitaba con mi padre y nombre por el cual lo conoce la mayoría de los santiaguinos. Todos los sábado nos juntamos, junto a un grupo de runners a subir el cerro como parte de una rutina de entrenamiento, invierno y verano. Serpenteando por sus caminos, esquivando ciclistas que bajan furiosos por senderos y laderas y aspirando los tubos de escape de buses repletos de turistas que contemplan el paisaje como peces desde sus peceras, avanzamos paso a paso descubriendo una dimensión de la ciudad que pocas urbes del mundo tienen el lujo de ostentar. Las constantes subidas se materializan en constantes preguntas. Por qué tengo que caminar (o correr) por el mismo camino que lo hacen bicicletas y autos? Por qué no puedo subir al cerro más que desde Pedro de Valdivia Norte o desde Pio Nono? Por qué la parte sur del Cerro es tan verde y la norte tan árida? Por qué no puedo tomar agua más que en el acceso al cerro? Por qué tanta antena? Por qué, por qué, por qué… Historia Hagamos rápidamente un poco de historia para tratar de encontrar respuestas y en lo posible proponer soluciones.
Foto tomada desde el sur poniente hacia el cerro hacia 1900. Se pueden apreciar las canteras que hasta nuestros días permanecen. A mediados del siglo 19, el cerro San Cristobal era un accidente geográfico de la periferia de una ciudad que contaba con apenas unos 120.000 habitantes. Se trataba de un gran peñón pedregoso perteneciente a varios propietarios y usado como cantera (sus secuelas aun se pueden ver), desde donde se extraía material usado en varias obras de la ciudad, entre ellas el puente de Cal y Canto. Ya en 1857 surge, de parte de algunos políticos incipientes como Benjamín Vicuña Mackenna, la idea de transformar el cerro en un espacio público que no solo transformara la imagen de la ciudad, sino que fuera un aporte a la vida urbana que iba naciendo. No es casualidad que entre 1852 y 1856 Vicuña Mackenna en su autoexilio consecuencia de una pena de muerte que cargaba, visitara Estados Unidos e Inglaterra donde es posible (solo posible) que haya conocido el Bikenhead Park en Liverpool , obra de Joseph Paxton, autor entre otras obras del Cristal Palace, que es el primer parque público abierto, democrático y programático del mundo, que sirvió de parámetro para el más mediático de los parques del mundo, el Central Park en Nueva York materializado entre 1857 y 1873.









