

En ésta casa se establece una relación íntima, cosida, directa con la topografía y con la vegetación existente. En un paseo descendente atravesamos el “paisaje interior”, dejando atrás el mundo cotidiano, en un camino-paseo de transición en el que se van articulando las diversas estancias, entre patios de agua y vegetación, hasta llegar a la sala, que en un solo gesto se convierte en un gran porche, sin solución de continuidad entre el interior y el exterior.Ingresamos, pués, en un mundo de contraste entre el artificio y la naturaleza, que se va percibiendo a medida que nuestra vista se adapta. Encontramos una atmosfera cambiante, con luz diferente, percibiéndose así las diversas cualidades del espacio. Espacios inesperados, aparentemente ocultos, que vamos descubriendo en el deambular interno.





















