
El Museo Ara Pacis (inaugurado ayer por las autoridades romanas) y la Iglesia del Milenio son las nuevas obras de Richard Meier, que junto a otros proyectos (de Fuksas y Hadid) le están cambiando el perfil arquitectónico a Roma, ciudad que durante mucho tiempo respetó tanto su herencia arquitectónica que los últimos grandes proyectos se remontan a la época de la Roma fascista de los años 20, cuando Mussolini lanzó un ambicioso plan constructivo. El crítico de arquitectura del diario Los Angeles Times utilizó una frase del filósofo inglés Isaías Berlin para describir el fenómeno arquitectónico que está ocurriendo en Roma: “El pasado es algo que sólo vive cuando inyectamos nuestra sangre en sus agotadas venas”. La frase refleja con precisión la opinión generalizada del público y los especialistas sobre el efecto que están generando estas nuevas obras en la arquitectura de la capital italiana.
El museo fue construido sobre el Ara Pacis o ‘Altar de la Paz’, un pequeño templo de mármol blanco eregido por el emperador Augusto el año 13 a.C. para rendir homenaje a la paz alcanzada con la Galia y España. El proyecto se ubica junto al río Tíber, se demoró 7 años en ser construido y del edificio anterior, realizado por Vittorio Ballio Morpurgo en 1938, sólo conserva un muro de mármol. Los materiales que usó el arquitecto norteamericano fueron principalmente vidrio, hormigón y marmól travertino.
