
Durante lo que podría llamarse la era de oro de Venezuela, fueron iniciativas como las de Armando y Anala Planchart, aquellas que lograron construir piezas elementales del patrimonio arquitectónico venezolano, como lo fue el comisionar al arquitecto Milanés Gio Ponti para construir una casa italiana en el trópico. Para entender la Villa Planchart, es imprescindible contar su historia, desde sus inicios, ya que actualmente es una casa que conserva y transmite toda la esencia del momento en la cual fue concebida.
Un lugar Inmersos en una década regida por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Venezuela, no obstante, evidenciaba una inercia de progreso, impulsada desde ámbitos diversos. Armando y Anala Planchart, grandes aficionados de la cultura, estaban en búsqueda de un arquitecto y de una casa como experiencia. Armando había alcanzado éxito como importador exclusivo de la marca Cadillac en Venezuela, y se dedicaría en el futuro a sus mayores pasiones, como lo eran las orquídeas, la cacería y el arte. Anala Braun de Planchart, quien compartía con su esposo la afición por el arte, era más bien una mujer muy involucrada con la agitada vida cultural de la caracas moderna y creciente. Esta combinación de intereses llega a su síntesis, al momento de decidir el lugar para la casa. Armando deseaba una casa en las afueras de la ciudad y Anala no podía separarse de Caracas. Finalmente encuentran el lugar ideal, una loma privilegiada dentro del valle de Caracas, con visuales a 360 grados y con la suficiente distancia para garantizar tranquilidad: El Cerrito.









































