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Arquitectos: Eskew Dumez Ripple
- Área: 6500 ft²
- Año: 2026



Allí donde ya no se puede depender de forma constante de los ríos, los embalses y las lluvias, el agua se busca cada vez más en la atmósfera. La niebla, la humedad atmosférica y la condensación ofrecen diferentes formas de captación. Cuando la arquitectura empieza a recolectar agua del aire, las superficies, las estructuras y los espacios abiertos pasan a formar parte del sistema hídrico.
Según UNICEF, la Estrategia Nacional del Agua de Jordania estima que cada persona tiene acceso a solo unos 61 metros cúbicos de agua renovable al año, una cifra muy inferior a los 500 metros cúbicos que suelen considerarse el umbral de la escasez absoluta de agua. Alrededor de la mitad de la población recibe agua de red solo una vez a la semana, mientras que las aguas subterráneas se extraen a un ritmo superior al de la recarga natural de muchos acuíferos.


¿Qué ocurre con el espacio debajo de una cubierta? En muchas viviendas, la respuesta es sencilla: se convierte en un ático, un espacio de almacenamiento o un volumen prácticamente inutilizado entre la planta superior y el techo. Sin embargo, este mismo espacio puede transformarse en un dormitorio, una oficina en casa, una sala de juegos o un área de estar adicional si se proyectan de manera conjunta la cubierta y el espacio inmediatamente inferior.
Este potencial es clave tanto en las edificaciones existentes como en la arquitectura residencial. Convertir un ático permite sumar superficie útil sin ampliar la huella del edificio, mientras que diseñar una vivienda nueva considerando un espacio habitable bajo la cubierta la vuelve más adaptable con el paso del tiempo. Por lo tanto, la cuestión no reside únicamente en cómo rehabilitar un ático, sino en cómo reconocer el potencial arquitectónico de un espacio subutilizado generado por una cubierta inclinada.

Esta semana, los debates sobre la vivienda, la seguridad y el futuro de las ciudades cobraron relevancia, abarcando desde el impacto de los desastres naturales hasta el papel de la arquitectura en la configuración de entornos urbanos más inclusivos. El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, conmemorado el 13 de octubre bajo el lema "La resiliencia empieza en casa", puso de relieve estas problemáticas pocos días después de que un sismo de magnitud 7.7 sacudiera Panamá, causando daños en edificaciones y provocando evacuaciones en todo el país. Más allá de la preparación ante desastres, los acontecimientos de la semana también reflejan esfuerzos más amplios para satisfacer las necesidades de vivienda, dar nuevos usos a las estructuras existentes y crear espacios que impulsen la educación, la cultura y la vida pública.


El estudio portugués de arquitectura y urbanismo OODA ha presentado nuevas imágenes de un proyecto de diseño urbano en Praga, República Checa. El diseño transforma una manzana urbana existente en un sitio permeable que alberga viviendas sociales municipales, locales comerciales y una plaza central ajardinada. El proyecto, titulado Kodaňská 1441, prioriza la transitabilidad peatonal, la movilidad ecológica y el espacio público. Además de abrir nuevas conexiones entre el edificio existente y el tejido urbano, incorpora un sistema de gestión de agua y paisaje que incrementa las superficies permeables del patio en un 21.5%. La propuesta constituye un ejemplo de renovación urbana que integra inquietudes contemporáneas, tales como los espacios comunitarios, una relación regulada con el espacio público, entornos con vegetación y el uso sostenible de los recursos naturales.

Un bayou es un cuerpo de agua de curso lento, típicamente un arroyo o un río que serpentea a través de un terreno bajo y plano en un paisaje de humedales más amplio. Presentes en toda la costa del Golfo, los bayous se diferencian de los pantanos, que albergan humedales boscosos caracterizados por aguas estancadas, y de las marismas, donde crecen pastos altos y plantas herbáceas en suelos saturados. Las corrientes del paisaje de un bayou sustentan ecosistemas biodiversos de plantas, árboles, insectos, aves y peces, al tiempo que los niveles de agua cambiantes, el suelo saturado, el aire húmedo, las lluvias intensas y los veranos largos y calurosos crean un entorno difuso entre la tierra y el agua, lo húmedo y lo seco, el interior y el exterior.

Un título en arquitectura proporciona los cimientos de la disciplina; sin embargo, la transición hacia el ejercicio profesional suele ir mucho más allá de las aulas. Ganar experiencia, desarrollar un portafolio y desenvolverse en la realidad de los despachos de arquitectura son desafíos a los que se enfrentan quienes egresan de la carrera en sus primeros años de práctica.



Sobre el papel, participar en un concurso de arquitectura es una de las tareas más desafiantes que un/a estudiante de arquitectura puede emprender. Lo que atrae a los y las estudiantes hacia ellos es la oportunidad de experimentar, abordando un programa vagamente definido que deja margen para poner a prueba ideas poco convencionales y herramientas desconocidas fuera del ritmo del semestre. Esa distancia respecto a la evaluación académica es un desarrollo relativamente reciente, ya que en su momento los concursos fueron fundamentales para la educación arquitectónica.
En la École des Beaux-Arts, la enseñanza se dividía entre el taller (*atelier*), donde los y las estudiantes desarrollaban proyectos bajo la dirección de un/a arquitecto/a en ejercicio, y el concurso, donde un jurado de profesores evaluaba el trabajo de los alumnos sin haber seguido su desarrollo. Más tarde, instructores formados en Francia llevaron este modelo a escuelas como el MIT, Penn, y Cornell. Con el tiempo, la mayoría de las escuelas conservaron el taller —que se convirtió en el taller de diseño— y relegaron los concursos a los márgenes del plan de estudios.


Los paneles solares suelen tratarse como un equipamiento añadido a un edificio. ¿Qué ocurre cuando pasan a formar parte de la propia arquitectura? Una vez integrada en la envolvente, la tecnología fotovoltaica puede generar energía y, al mismo tiempo, influir en la forma, la construcción y el comportamiento ambiental del edificio.
Las cubiertas suelen ser la ubicación más evidente para los paneles fotovoltaicos; sin embargo, otras partes del edificio pueden generar energía mientras cumplen funciones arquitectónicas adicionales. Las fachadas pueden proporcionar sombreado, las lamas pueden controlar la luz solar y las fachadas ventiladas pueden combinar la protección contra la intemperie con la generación de energía. Por lo tanto, su orientación, posición e integración en la envolvente del edificio pasan a formar parte del diseño arquitectónico en lugar de ser una decisión técnica independiente.