
Durante la última década, Uzbekistán hizo algo que la mayoría de los países postsoviéticos todavía duda en hacer: incluyó formalmente decenas de edificios modernistas construidos entre 1960 y 1980 en su lista nacional de patrimonio cultural. Entre ellos se encontraban el Panoramic Cinema, el Tashkent Circus y el Palace of Peoples' Friendship, obras que, hasta hace pocos años, eran vistas como arquitectura soviética reciente y "rutinaria", carente de estatus patrimonial.
Esta decisión, sin embargo, remite a un problema que atraviesa prácticamente todos los sistemas patrimoniales del mundo: cómo proteger legalmente una arquitectura que aún no ha cumplido el tiempo mínimo —formal o informal— para ser considerada "histórica".





























