
Los rincones de desayuno surgieron a principios del siglo XX en respuesta a la creciente densidad doméstica y a los cambios en la concepción de la vida cotidiana. Con raíces en el movimiento Arts and Crafts estadounidense y popularizados a través de las viviendas tipo bungalow de las décadas de 1910 y 1920, estos espacios evolucionaron desde el comedor de desayuno victoriano, más formal, hacia áreas compactas e integradas dentro de la cocina. A medida que las casas se volvieron más pequeñas y económicas, los/las arquitectos/as y las empresas de carpintería recurrieron a bancas y mesas fijas para ocupar esquinas, nichos y ventanas salientes que, de otro modo, habrían sido ineficientes. Estos rincones llenos de luz proporcionaron un medio accesible para concentrar las actividades diarias, al tiempo que preservaban el confort y la claridad espacial.








































