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Arquitectos: KAAN Architecten
- Área: 4700 m²
- Año: 2026
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Proveedores: MOSO BAMBOO, MOSO Bamboo






Cuando pensamos en las fachadas, rara vez las imaginamos como hábitats. Las vemos como los elementos que separan el interior del exterior, regulan la temperatura, reducen el ruido y protegen a los edificios de las condiciones externas. Si bien le otorgan a la arquitectura su lenguaje visual, también se espera que mantengan el mundo exterior a distancia. Al hacerlo, a menudo se las ha entendido como barreras: superficies que definen dónde comienza el confort humano y dónde debe permanecer el medio ambiente.
Sin embargo, el exterior de un edificio nunca está vacío. Durante siglos, la arquitectura ha generado, de manera involuntaria, oportunidades para otras formas de vida. Las aves anidaban bajo las tejas, los insectos ocupaban las grietas de los muros de mampostería, y el musgo o las plantas echaban raíces en repisas, canaletas y superficies de piedra rugosa. Aunque estas condiciones rara vez se diseñaron pensando en otras especies, crearon pequeñas oportunidades para que la vida se abriera paso en ellas.


Los y las arquitectas calibran cuidadosamente su relación con la tierra, adaptando las cimentaciones al suelo, el agua subterránea, el clima, el riesgo y la cultura. Los pilotes de madera hincados, las plataformas de tierra apisonada y las losas de concreto vertido son, en cada caso, una respuesta a un conjunto específico de condiciones del suelo, y cada una moldea la arquitectura que se eleva sobre ellas. La manera en que un edificio se desplanta sobre la tierra determina su durabilidad y sus límites, ya que los cimientos se encuentran entre las decisiones de diseño más trascendentales que se toman en la arquitectura.
La ciudad de Róterdam se encuentra aproximadamente a un metro bajo el nivel del mar, una condición rectora que define la vida cotidiana en la segunda ciudad más grande de los Países Bajos y que representa una preocupación creciente ante la inestabilidad de las condiciones costeras. La ciudad ocupa el delta de los ríos Rin y Mosa, un paisaje que nunca fue seco por naturaleza, sino que se ha mantenido funcional gracias a siglos de intervención hidráulica. Las juntas de agua (waterschappen) de esta región se encuentran entre las instituciones democráticas más antiguas del mundo; creadas en el siglo XIII para gestionar el drenaje compartido del agua, hoy en día siguen operando como organismos electos con capacidad técnica. A medida que el nivel del mar aumenta y las precipitaciones en el norte de Europa se vuelven menos predecibles y más extremas, Róterdam enfrenta un riesgo significativamente mayor de marejadas ciclónicas costeras e inundaciones urbanas provocadas por el colapso de la infraestructura de drenaje.


Hoy, 20 de febrero, las Naciones Unidas conmemoran el Día Mundial de la Justicia Social bajo el lema "Compromiso renovado con el desarrollo social y la justicia social". La conmemoración de este año se lleva a cabo tras la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social en Doha y la adopción de la Declaración Política de Doha, renovando los compromisos articulados por primera vez en la Declaración de Copenhague de 1995: la erradicación de la pobreza, el empleo pleno y productivo, el trabajo decente para todas las personas y la inclusión social como pilares interdependientes del desarrollo. En un momento definido por la creciente brecha de desigualdades y la aceleración de las transiciones ambientales y tecnológicas, la conmemoración de 2026 hace un llamado a traducir las declaraciones políticas en una implementación intersectorial y medible.


El riesgo climático es una condición global compartida, marcada por un calor cada vez más intenso, la escasez de agua, las inundaciones y una pérdida ecológica que no conoce fronteras. En 2025, estas presiones agudizaron la conciencia colectiva de que las promesas gubernamentales y los acuerdos internacionales no avanzan al mismo ritmo que las realidades cotidianas. En los distintos contextos geopolíticos, la tensión es inmediata y estructural, revelando las brechas existentes entre las ambiciones políticas y los cambios materiales. Este momento ha dejado en evidencia una creciente dependencia de disciplinas ajenas a las estructuras formales para responder con rapidez, inteligencia y responsabilidad.

Los muelles y puertos de embarcaciones son espacios liminales donde la orilla marca el encuentro entre la tierra y el agua, sirviendo como un espacio para la convergencia de la cultura, la industria y la comunidad. Para quienes trabajan en el mar, desde pescadores/as comerciales hasta operadores/as de carga marítima, el muelle es un umbral entre el trabajo y el descanso, entre la incertidumbre oceánica y la estabilidad terrestre. Para otras personas, el muelle funciona como una puerta de entrada a la recreación, el deporte y la aventura, albergando desde clubes de remo hasta viajes familiares en velero. Y para quienes nunca suben a bordo de una embarcación, el muelle ofrece una poderosa conexión con el entorno marino, un lugar donde detenerse, observar e interactuar con el ritmo de las mareas.
