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Arquitectos: Quaterna Arquitectos
- Área: 460 m²
- Año: 2024
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Proveedores: American Standard Colombia, Grohe Sanitary Fittings, Tecnolite




¿Qué define la atmósfera de un hogar? Más allá de las paletas de materiales y la luz natural, el sonido desempeña un papel determinante en la manera en que se perciben y se habitan los espacios. La reverberación de los pasos sobre la piedra, la calma atenuada de una habitación revestida de textiles o la forma en que la música se propaga por un interior de planta libre definen la identidad sensorial del espacio doméstico. La arquitectura no solo se experimenta visualmente, sino también de forma acústica.
El concepto de "paisaje sonoro" describe esta relación entre las personas, el sonido y el entorno construido. En la arquitectura residencial, el sonido es más que un ruido de fondo o una especificación técnica; influye en la privacidad, la concentración, el descanso y el confort emocional. La geometría y la materialidad actúan como los principales conductores acústicos: mientras que el concreto, el vidrio y la piedra reflejan y amplifican, la madera y los tapizados suavizan y absorben. Además, la altura de los techos, las circulaciones y las proporciones de las habitaciones terminan de definir cómo viaja y se asienta el sonido en el espacio.

Caminamos sobre suelo "plano" todos los días y rara vez nos detenemos a pensarlo, pero ¿qué tan plano es en realidad? En la ciudad, los cordones están biselados, las aceras se inclinan hacia las rejillas y las calzadas tienen un bombeo central para escurrir el agua hacia cunetas poco profundas. En los suburbios y en los senderos sin pavimentar, el terreno irregular es la norma. En el interior de los edificios, por el contrario, buscamos una horizontalidad casi perfecta: marcos estructurales, losas y acabados se disciplinan para crear superficies de tránsito niveladas en nombre de la seguridad y la accesibilidad. Sin embargo, la planicidad es intrínsecamente incompatible con el agua. Una mirada más atenta revela un discreto repertorio de soluciones: ligeras pendientes en los accesos, umbrales elevados unos pocos milímetros y zonas húmedas con inclinaciones casi imperceptibles. El suelo se percibe como plano, pero en realidad está cuidadosamente calibrado —microtopografías que se hacen pasar por planos— para gestionar el agua sin llamar la atención.
¿Cuáles son las formas habituales en que los/las arquitectos/as "mantienen las cosas planas" mientras gestionan el agua, ese enemigo perenne de los edificios? Una forma útil de analizarlo es examinar de cerca tres situaciones recurrentes: las cubiertas o terrazas exteriores, los baños y otras zonas húmedas, y los planos de suelo exterior. Cada una de ellas recurre a un conjunto de herramientas ligeramente diferente —sistemas de pedestales regulables sobre impermeabilizaciones inclinadas, micropendientes hacia sumideros, desagües perimetrales ocultos, pendientes divididas— para mantener la ilusión de una superficie continua y nivelada. El estudio comparativo de estas situaciones revela cuánto esfuerzo de diseño se requiere para conciliar la percepción de planicidad con una realidad compleja.

Los cuartos de baño desempeñan un papel fundamental en nuestra vida cotidiana, cumpliendo múltiples funciones que van más allá de la higiene básica. Diversas investigaciones destacan su importancia como espacios de relajación, introspección y bienestar personal. El diseño y la comodidad de un baño pueden influir profundamente en cómo comenzamos y terminamos el día, enmarcando nuestras rutinas con una sensación de fluidez o de fricción. Al viajar, los baños de los hoteles suelen dejar una impresión duradera, ya que un espacio bien diseñado y cuidadosamente ejecutado puede elevar significativamente la experiencia general de la estadía.

Como parte de nuestra retrospectiva 2023: Resumen del año, en ArchDaily analizamos y reflexionamos sobre las publicaciones de este año. La arquitectura residencial sigue siendo una de las categorías más visitadas en lo que respecta a obras construidas, despertando el interés de nuestros usuarios y usuarias en todo el mundo.



En la historia de la arquitectura del territorio mexicano, el entorno construido ha funcionado no solo como un escenario humano, sino como una infraestructura biológica diseñada para organizar la proximidad entre especies. La lógica espacial resultante no es una representación individual, sino una coexistencia negociada entre cuerpos humanos y animales. Examinar este patrimonio hoy en día implica desplazar el foco analítico de la autoría estilística hacia un fenómeno más fundamental: la persistencia de prácticas espaciales que surgieron para sostener formas de vida compartidas.
Muchas de las características arquitectónicas que hoy se interpretan como rasgos culturales o estéticos —umbrales de gran tamaño, patios amplios y superficies duraderas— pueden entenderse, en cambio, como huellas materiales de un contrato entre especies. Durante siglos, los caballos, las mulas y el ganado no fueron ajenos a la arquitectura, sino habitantes esenciales cuya presencia física definió la escala, la circulación y la selección de materiales. Sus cuerpos dejaron huellas mensurables en el espacio, desde la altura de los accesos que daban paso a jinetes montados hasta los sistemas de pavimentación diseñados para resistir los cascos, la fricción y el desgaste biológico. En ningún lugar fue más visible este contrato que en la planta baja de la casa colonial.

